Para prevenir los suicidios, recomiendan “hablar a tiempo, reconocer señales y saber cómo acompañar y pedir ayuda”
Desde la Fundación Libella, los psicólogos Yessica Müller (MP 183) y Daniel Arce (MP 199) ofrecieron algunas sugerencias para poder prevenir los suicidios

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En el marco de la reciente conmemoración del Día Mundial orientado a generar conciencia acerca de esta problemática, que incluyen aspectos como “hablar a tiempo, reconocer señales de alerta, saber cómo acompañar y conocer dónde pedir ayuda”.
En principio, la profesional señaló que la prevención del suicidio no es responsabilidad de una sola institución: es una tarea que requiere del compromiso de toda la comunidad.
“Durante septiembre, y especialmente alrededor del Día Mundial para la Prevención del Suicidio, el tema adquiere mayor visibilidad. Sin embargo, la prevención no puede limitarse a una fecha, una campaña o una charla. Prevenir implica construir durante todo el año comunidades más preparadas para reconocer el sufrimiento, preguntar, escuchar, acompañar y facilitar el acceso a una ayuda adecuada”, explicó la licenciada a este Diario.
Además, recordó que la Organización Mundial de la Salud sostiene que el suicidio es un problema complejo de salud pública y que puede prevenirse mediante intervenciones coordinadas en distintos niveles; y mencionó que entre las estrategias recomendadas se encuentran la detección y atención temprana de las personas en riesgo, el desarrollo de habilidades socioemocionales, la comunicación responsable por parte de los medios y el trabajo articulado entre diferentes sectores de la sociedad.
Por su parte, el licenciado Arce, quien es Coordinador del Programa VITAM, destinado a la prevención, intervención y posvención de los comportamientos suicidas, dijo que no existe una única causa para el suicidio, y que es un fenómeno multicausal.
“No sucede exclusivamente por una separación, una dificultad económica, un conflicto familiar, una enfermedad o un diagnóstico de salud mental. Diferentes factores personales, familiares, sociales, culturales y contextuales pueden interactuar y aumentar la vulnerabilidad de una persona. Por eso es importante evitar explicaciones simplistas”, planteó.
También, detalló que existen factores de protección: contar con personas significativas, sentirse parte de una comunidad, desarrollar habilidades para afrontar dificultades, disponer de oportunidades de participación, tener acceso a servicios de salud y, especialmente, poder pedir ayuda cuando algo se vuelve difícil de sostener. “La prevención comienza mucho antes de una crisis”, acotó.
Por otro lado, Müller remarcó que hay señales que “merecen nuestra atención”; y añadió: “No todas las personas manifiestan su sufrimiento de la misma manera y ninguna señal, tomada aisladamente, permite predecir una conducta suicida. Sin embargo, existen cambios o expresiones que deben ser escuchadas”.
A continuación, precisó algunas de las señales: hablar reiteradamente de la muerte o expresar deseos de no continuar viviendo; manifestar desesperanza intensa o sentirse una carga para los demás; aislarse; despedirse de personas significativas; presentar cambios llamativos en el comportamiento o el estado de ánimo; abandonar actividades habituales o realizar conductas autolesivas son algunas señales que requieren atención.
En paralelo, comentó que la OMS incluye entre las señales de advertencia los cambios marcados del estado de ánimo, el aislamiento social, hablar sobre pensamientos o planes suicidas, expresar que no existen razones para vivir, despedirse o entregar pertenencias significativas.
“El objetivo no es convertirnos en especialistas ni intentar diagnosticar a las personas que queremos. La finalidad es no mirar ‘para otro lado’ cuando algo nos preocupa”, subrayó.
Aclaran que “preguntar no aumenta el riesgo” ni le “da la idea” a una persona
En otro orden, el licenciado Arce recalcó que “preguntar no aumenta el riesgo” y aseguró que uno de los mitos más persistentes es pensar que hablar sobre suicidio o preguntar directamente puede “darle la idea” a una persona, en un contexto en el cual la evidencia indica lo contrario.
“Preguntar de manera clara y cuidadosa si alguien está pensando en suicidarse no aumenta el riesgo. Por el contrario, puede disminuir la ansiedad, permitir que la persona se sienta comprendida y abrir una oportunidad para recibir ayuda. Frente a expresiones que nos preocupan, podemos preguntar: ‘¿Estás pensando en hacerte daño?’; ‘¿Estás pensando en suicidarte?’”, declaró.
“Preguntar con respeto no significa asumir el problema del otro. Significa crear un espacio donde aquello que estaba siendo vivido en silencio pueda empezar a ser compartido”, afirmó.
En lo vinculado a qué se puede hacer si una persona admite que está pensando en suicidarse, Müller dijo que “lo primero es escuchar, sin juzgar, sin sermones y sin minimizar lo que la persona siente”.
“Frases como ‘Tenés todo para ser feliz’, ‘Hay gente que está peor’, ‘Tenés que poner voluntad’ o ‘No digas esas cosas’ pueden aumentar la sensación de incomprensión. Es preferible transmitir disponibilidad: ‘Estoy acá’; ‘Gracias por contármelo’; ‘Vamos a buscar ayuda’; ‘Quiero acompañarte’”, ejemplificó.
A su vez, puntualizó que si existe riesgo inmediato, la recomendación es no dejar sola a la persona, solicitar ayuda profesional -por ejemplo, comunicándose con la línea gratuita de acompañamiento en salud mental de la provincia- y reducir, siempre que sea posible y de manera segura, su acceso a elementos con los que pudiera hacerse daño.
Asimismo, aseveró que las recomendaciones nacionales de comunicación y prevención también señalan la importancia de involucrar a otras personas significativas y activar los servicios correspondientes.
“Acompañar no significa hacerse responsable de resolver la situación. Significa ayudar a construir un puente hacia quienes pueden intervenir profesionalmente”, expuso.
Para finalizar, Daniel Arce consideró que pedir ayuda también es una habilidad y que “durante mucho tiempo aprendimos culturalmente a relacionar la fortaleza con ‘poder solos’”.
“Hoy sabemos que ocurre exactamente lo contrario. Reconocer que necesitamos ayuda y poder pedirla a tiempo constituye un importante factor de protección. Podemos pedir ayuda para nosotros mismos, pero también podemos consultar cuando estamos preocupados por un hijo, un amigo, un compañero, un estudiante, un paciente, un trabajador o cualquier persona de nuestro entorno. No es necesario esperar a tener certeza de que existe un riesgo grave para realizar una consulta”, manifestó.
La provincia de Formosa cuenta con una línea gratuita de acompañamiento en Salud Mental: 0800-888-3364. Se encuentra disponible durante las 24 horas, los 365 días del año.
Yessica Müller y Daniel Arce informaron que pueden comunicarse a la línea telefónica mencionada tanto una persona que atraviesa una situación de crisis como un familiar, amigo, docente u otra persona que necesite orientación sobre cómo acompañar.
Por último, ambos profesionales advirtieron que ante una situación de riesgo inmediato también deben activarse los servicios de emergencia, y recomendaron concurrir al establecimiento sanitario más cercano. “Tener esta información guardada en nuestros teléfonos y compartirla también es una acción preventiva”, valoraron.