Conejero presidió la que sería su última Fiesta de la Virgen del Carmen como obispo, según anunció

Conejero presidió la que sería su última Fiesta de la Virgen del Carmen como obispo, según anunció

En su homilía, recordó que ya había presentado su renuncia y que le respondieron que en unos meses se nombraría a su reemplazante. Fue un condimento especial para una celebración de la Patrona de Formosa que tuvo una masiva concurrencia

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Monseñor José Vicente Conejero Gallego presidió lo que sería su última Fiesta de Nuestra Señora del Carmen como obispo, según anunció durante su homilía de la misa central.

Al encabezar la celebración eucarística en honor a la Patrona de Formosa, recordó que ya había presentado al Papa León XIV su renuncia al haber alcanzado la edad establecida por el Derecho Canónico.

«Esta fiesta solemne probablemente sea ya la última que celebre con ustedes, porque ya pedí al Santo Padre, ya que cumplí la edad establecida. Me dijeron que es probable que en unos meses venga otro (obispo), un joven que pueda animar, conducir y acompañar como obispo al pueblo de Dios», expresó hacia el final de su homilía.

No obstante, aclaró que la vida de la Iglesia trasciende a quienes ejercen el ministerio episcopal. «La Iglesia somos todos», remarcó, al recordar que el obispo, junto con los sacerdotes y diáconos, tiene la misión de servir al pueblo de Dios, anunciar el Evangelio, santificar mediante los sacramentos y trabajar siempre por la unidad de la comunidad cristiana.

 

Antes de ese anuncio, Conejero dedicó la mayor parte de su mensaje a reflexionar sobre el significado de la Virgen María en la vida de la Iglesia. La presentó como hija predilecta del Padre, madre de Jesús, madre de la Iglesia y modelo de todo discípulo misionero. Recordó que el Concilio Vaticano II la ubicó en el centro del misterio de Cristo y de la Iglesia, destacándola como ejemplo de escucha, obediencia al Espíritu Santo y servicio a los hermanos, especialmente a los más necesitados.

Al evocar el episodio de las bodas de Caná, señaló que María supo advertir la necesidad de los demás e interceder ante su Hijo, dejando una enseñanza que continúa vigente para todos los cristianos. «Hagan todo lo que Él les diga», recordó, definiendo esa frase como la síntesis del camino que propone la Virgen: conducir siempre a Jesús, el único Salvador.

El obispo también destacó la profunda devoción a la Virgen del Carmen, Patrona de la Diócesis, de la provincia y de la ciudad de Formosa, repasando el origen de esta advocación mariana en el Monte Carmelo y el significado del escapulario como signo de protección y de alianza con María para quienes viven la fe con fidelidad.

A partir de esa invitación de María a escuchar y seguir a Cristo, Conejero resumió tres enseñanzas centrales del Evangelio que, dijo, se corresponden con las virtudes teologales. La primera es la fe, expresada en el llamado de Jesús a convertirse y creer en el Evangelio. La segunda es la esperanza, reflejada en las reiteradas palabras de Cristo, invitando a no tener miedo y a confiar en Él aun en medio de las dificultades. Y la tercera es la caridad, sintetizada en el mandamiento nuevo del amor: «Ámense unos a otros como yo los he amado».

 

En ese marco, convocó a los fieles a crecer en esas tres virtudes y a permanecer siempre en el amor de Cristo, recordando el lema pastoral de la Diócesis: «Jesucristo, el Señor, nos amó y se entregó por nosotros. Agradecidos, permanezcamos siempre en su amor».

Finalmente, exhortó a toda la comunidad a asumir con responsabilidad su vocación dentro de una Iglesia sinodal, promoviendo la comunión, la participación y la misión evangelizadora. Pidió trabajar por la unidad, dejarse conducir por el Espíritu Santo y ser auténticos testigos del Evangelio, al tiempo que encomendó a todas las familias formoseñas a la protección de la Virgen del Carmen.

Celebraciones

Esta misa central fue la culminación de toda una jornada de actividades, que iniciaron en los primeros minutos después de la medianoche con el saludo a la Virgen. Tras el Rosario de la Aurora, hubo misas a la mañana, una de ellas para los niños, y por la tarde, a las 15 inició la tradicional procesión desde la rotonda de la Virgen del Carmen hasta la Catedral, lo que dio paso a la misa de cierre.