También aseguró que el comportamiento actual de “El Niño” presenta diferencias importantes respecto de las grandes inundaciones históricas de 1982-1983 y 1992
El referente del Instituto Nacional del Agua (INA) en Hidrología, ingeniero Juan Borús, analizó el comportamiento de los ríos Paraguay y Paraná en el contexto del fenómeno de “El Niño” y anticipó que alrededor del 22 de octubre podría registrarse en la ciudad de Formosa el mayor impacto de la creciente que actualmente experimenta el Paraná, como consecuencia del efecto de remanso que dificulta el escurrimiento de las aguas del río Paraguay.
En diálogo con La Mañana, el especialista explicó que, pese a las precipitaciones registradas en distintos sectores de la cuenca, el río Paraguay continúa presentando condiciones relativamente normales, sin perspectivas inmediatas de alcanzar niveles de aguas altas como los observados durante grandes inundaciones del pasado.
«Es probable que el río Paraguay pase todo este escenario de ‘El Niño’ en condiciones medianamente normales, sin alcanzar un nivel de aguas altas», sostuvo Borús, al señalar que las precipitaciones registradas hasta el momento no fueron suficientemente importantes como para provocar una creciente extraordinaria en su cuenca.
En ese sentido, recordó que tanto el tramo medio como el inferior del Paraguay venían experimentando un descenso estacional y permanecían en condiciones de aguas bajas. Sin embargo, algunas lluvias sobre la región nororiental, la cuenca próxima a Asunción y el río Tebicuary generaron una recuperación de los niveles, a lo que ahora se suma la influencia de la creciente del Paraná.
«El río Paraná está teniendo una creciente y, de acá a unos ocho días, se va a notar el pico de afectación en Formosa. Yo creo que aproximadamente el 22 de octubre se va a notar sobre la escala de Formosa el apilamiento producido por el Paraná», precisó.
No obstante, insistió en diferenciar ambos fenómenos: «Eso es recuperación de altura por apilamiento, no es un problema de caudal propio del Paraguay. Es muy importante tenerlo en cuenta«.
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Al referirse a las consecuencias de este comportamiento hidrológico para la capital provincial, Borús estimó que la altura del río Paraguay podría superar los 3,70 metros en el puerto local, una situación que tendría incidencia sobre el funcionamiento de uno de los sectores más bajos del sistema de protección contra inundaciones.
Explicó que, al alcanzarse esa altura, la compuerta correspondiente al cuenco de menor cota debería permanecer cerrada, por lo que el agua acumulada por las precipitaciones dentro del área protegida ya no podría descargarse naturalmente hacia el río.
«A partir de ahora, esa compuerta debería estar cerrada, ya no descargar más eventualmente por gravedad, sino bombear lo que les caiga encima», señaló.
De esta manera, el funcionamiento de las estaciones de bombeo cobraría especial importancia para garantizar el drenaje de las aguas pluviales en ese sector de la ciudad.
Sin embargo, el hidrólogo consideró poco probable que el río alcance, en este episodio, el siguiente nivel de referencia del sistema de protección, ubicado en los 4,90 metros.
«Para llegar al otro cuenco, que es el de lectura 4,90, por ahora me parece que falta bastante. No creo que se alcance», afirmó.
Borús indicó además que mantiene un contacto permanente con la Unidad Provincial Coordinadora del Agua (UPCA), organismo responsable del seguimiento de estas situaciones en Formosa.
«Vamos siguiendo de cerca con la UPCA, con la que mantenemos un contacto muy estrecho y directo. Eso nos permite estar al tanto de todo lo que está ocurriendo», destacó.
Lluvias locales
Más allá de la influencia que pueda ejercer el Paraná sobre los niveles del río Paraguay, el especialista advirtió a este Diario que uno de los aspectos que deberán seguirse especialmente durante las próximas semanas será la posibilidad de precipitaciones intensas sobre el Este formoseño.
En particular, mencionó a las ciudades de Formosa y Clorinda, además de otras localidades ubicadas sobre el frente oriental de la provincia, donde la disponibilidad de humedad atmosférica podría favorecer nuevos episodios de lluvia.
«Yo me quedaría pendiente de lo que pueda pasar eventualmente con las lluvias locales sobre el Este formoseño. La humedad disponible está y que podamos tener una lluvia sobre Clorinda, sobre Formosa, sobre todo ese frente formoseño, es algo que queda absolutamente abierto y hay que preverlo», manifestó.
En ese contexto, expresó una evaluación favorable sobre la preparación de los municipios de la región para afrontar eventuales emergencias hídricas.
«Formosa y Clorinda no escapan a la regla general que se está observando en la gran mayoría de los municipios de la región, en territorio argentino, que están bien preparados para afrontar emergencias, atentos a la información oficial y a tomar medidas en consecuencia», consideró.
Esta situación, según explicó, le permite mantener una perspectiva relativamente optimista, aunque insistió en que el monitoreo permanente resulta indispensable ante la posibilidad de cambios en las condiciones meteorológicas.
“El Niño” actual presenta diferencias con las inundaciones históricas
Consultado sobre la posibilidad de que el fenómeno de “El Niño” genere situaciones similares a las grandes inundaciones de 1982-1983, 1992 o 1997-1998, Borús explicó que cada episodio presenta características particulares y que no corresponde proyectar automáticamente los impactos de acontecimientos anteriores sobre el escenario actual.
«No hay dos fenómenos de ‘El Niño’ que hayan pegado de la misma manera en nuestra región. Eso está clarísimo», enfatizó.
En particular, recordó que el episodio de 1982-1983 tuvo una extensión territorial y una duración excepcionales, con consecuencias severas en numerosos sectores de la Cuenca del Plata y otras regiones.
«Aquel evento tuvo características muy particulares, muy especiales, que no se están presentando hoy. Fue un evento que trascendió absolutamente a la Cuenca del Plata, tuvo impactos muy severos en muchos lugares y duró mucho tiempo, sobre todo. No es el caso de este», sostuvo.
Respecto del fenómeno actual, señaló que el calentamiento de las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial, principal indicador utilizado para evaluar la evolución de “El Niño”, muestra señales de estabilización.
Según su interpretación, durante las próximas semanas podría comenzar una etapa de debilitamiento gradual, que se extendería durante diciembre, enero y febrero.
«Hay bastante consenso en que eso continuaría gradualmente, despacito, pero significa que hay que seguir estando al pie del cañón con todas estas cosas», advirtió.
También recordó que la inundación de 1992 respondió a una situación hidrometeorológica particular, caracterizada por una fuerte concentración de precipitaciones durante el otoño en las cuencas del río Iguazú, el área de aporte directo a Itaipú y el alto Uruguay.
Aquellas lluvias provocaron una crecida extraordinaria del Iguazú y una importante onda de creciente que afectó extensas áreas del valle fluvial del Paraná, incluido su delta.
«Fue una situación bastante distinta de la actual», remarcó. Por ese motivo, sostuvo que los antecedentes históricos deben utilizarse como referencia, pero no como herramientas directas de pronóstico.
«La estadística no es una herramienta de pronóstico, es una herramienta informativa nada más. Hay que tenerla presente, pero tomarla con pinzas y finalmente hacer un análisis hidroclimático», explicó.
El Pantanal
Otro de los aspectos abordados por Borús fue la situación del Pantanal brasileño, una región de enorme importancia para la regulación de los caudales del río Paraguay.
El especialista aseguró que actualmente ese sistema se encuentra dentro de parámetros normales, sin señales de una transición inmediata hacia condiciones de aguas altas.
«Yo diría que el Pantanal está absolutamente normal en este momento. Toda esa zona, la descarga del Pantanal, está normal», afirmó.
Explicó que las precipitaciones registradas a comienzos de año permitieron recuperar las condiciones hídricas de la región, que ya había mostrado una mejoría durante el año anterior.
De todas maneras, aclaró que un escenario de lluvias persistentes y generalizadas podría modificar rápidamente esa situación, aunque actualmente no existen indicios de que vaya a producirse.
«En términos generales, toda la cuenca del Paraguay, algo arriba de Bahía Negra, está en una condición normal, sin grandes apartamientos respecto de los valores habituales y sin perspectiva de pasar a un escenario húmedo», señaló.
Finalmente, Borús explicó que durante los próximos días será fundamental observar la evolución de las lluvias en las altas cuencas del Paraná, particularmente en territorio brasileño, así como el comportamiento del río Iguazú y del sistema del Uruguay.
Indicó que, tras los episodios recientes, podría producirse una pausa relativa en las precipitaciones sobre algunas de las áreas que contribuyeron a las crecientes, mientras que los nuevos eventos tenderían a concentrarse principalmente en sectores de la alta cuenca del Paraná en Brasil.
También podrían registrarse lluvias sobre la alta cuenca del Paraguay, aunque sin acumulados significativos previstos por el momento.
En este marco, destacó la importancia de la información que proporciona el Servicio Meteorológico Nacional y del trabajo de interpretación hidrológica que permite anticipar posibles consecuencias sobre los ríos.
«Estamos siempre atentos a la información del Servicio Meteorológico Nacional, que permanentemente nos manda información y nos va marcando el paso respecto de lo que puede llegar a pasar. Después nos resta hacer la interpretación hidrológica», explicó.
De esta manera, el escenario previsto para Formosa durante la segunda quincena de octubre contempla una recuperación del nivel del río Paraguay, principalmente por la influencia de la creciente del Paraná, pero sin indicios actuales de una inundación extraordinaria originada en la propia cuenca paraguaya.
No obstante, Borús insistió en la necesidad de mantener la vigilancia sobre las precipitaciones locales y el comportamiento de los sistemas de drenaje y bombeo, especialmente ante la posibilidad de que las lluvias coincidan con niveles elevados del río, dificultando el escurrimiento natural de las aguas de la ciudad.