Advierten que crece el consumo de drogas entre los jóvenes formoseños en comunidades del Oeste

Advierten que crece el consumo de drogas entre los jóvenes formoseños en comunidades del Oeste

El sacerdote misionero Juan Rosasco alertó sobre el avance de sustancias más pesadas, como la cocaína, el inicio cada vez más temprano en el consumo y la falta de oportunidades como trasfondo del problema

Advierten que crece el consumo de drogas entre los jóvenes formoseños en  comunidades del Oeste - Diario La Mañana

Fuente: https_www.lamañanaonline.com.ar
En la localidad de Ingeniero Juárez, el sacerdote Juan Rosasco trazó un crudo diagnóstico sobre la situación de las adicciones entre jóvenes, especialmente en comunidades indígenas. “El consumo va aumentando y aumenta el tipo de droga, lo pesado de las drogas”, afirmó en declaraciones a La Mañana, al tiempo que remarcó que el problema se profundizó en los últimos años.

Rosasco, quien vive y desarrolla su tarea pastoral en la zona, recordó que hace una década el panorama era distinto: “Había empezado la marihuana y yo siempre insistí que no era solamente marihuana, sino que había también pasta base”.

En ese sentido, explicó que ya entonces se advertían señales de alarma vinculadas a la violencia: “Chicos que eran capaces de tirarse contra una puerta y no sentir dolor, y eso es la pasta base”.

Según indicó, en el último tiempo se sumó una nueva preocupación: “El año pasado ya los chicos empezaron a hablar que conseguían la blanca… eso llegó a los jóvenes wichí”. Sin embargo, aclaró que “lo más común sigue siendo la marihuana, el porro y la pasta base”, aunque apuntó que la aparición de otras sustancias como la cocaína, marca una tendencia preocupante.

“Hace diez años, el problema era principalmente el alcohol y comenzaba a verse la marihuana, pero también detectábamos pasta base. Hoy el consumo aumentó y se diversificó, incluso con la llegada de la cocaína”, explicó. Según relató, en el último tiempo comenzaron a registrarse casos en comunidades originarias donde antes no circulaba este tipo de droga.

Rosasco describió una progresión en el consumo: “Empiezan con sustancias más livianas y van pasando a otras más pesadas”. En ese contexto, alertó que existen casos de niños de entre 6 y 8 años que ya presentan episodios de consumo, especialmente de alcohol, inhalantes o pegamentos.

El sacerdote insistió en que la droga no es el problema de fondo, sino una consecuencia de situaciones más profundas: “La droga es para mí un síntoma… es un escape, es como una anestesia”. Y agregó: “El gran problema es cuál es el proyecto que tienen estos jóvenes… cuál es el futuro de un joven pobre o indígena”.

En esa línea, describió un contexto complejo atravesado por múltiples factores: “Son múltiples los problemas que hacen que ocurra esto: no tenés una buena educación, tenés un racismo de base que sigue existiendo”. También señaló las dificultades de acceso a la educación en zonas rurales: “Hay colegios donde cada día va un profesor distinto… no es que tienen todas las horas”.

Uno de los datos más alarmantes que mencionó es la edad de inicio en el consumo: “A los 6, 8 años algunos empiezan con alcohol, nafta o pegamento”, relató, y añadió que estos casos se registran en distintos sectores del territorio.

Frente a este escenario, Rosasco destacó el trabajo comunitario que se realiza desde el Centro Barrial “Enrique Angelelli”, donde actualmente asisten unos 120 jóvenes: “Ahí los jóvenes pueden ir a pasar el día… tienen desayuno, almuerzo, merienda y talleres”. Sin embargo, advirtió que la recuperación es un proceso complejo: “Es un proceso muy lento, largo, con idas y venidas… pueden salir y volver a caer”.

Finalmente, remarcó la necesidad de políticas integrales que apunten a la inclusión social: “No alcanza solamente con atacar la sustancia… hay que pensar en el futuro y en los proyectos de vida de los jóvenes”, concluyó.

Contención, oficios y educación: el trabajo social que impulsa

Desde el Centro Barrial “Enrique Angelelli” en Ingeniero Juárez hasta proyectos educativos en comunidades originarias y en la capital de la provincia, el sacerdote destaca el valor de la contención, la formación y los procesos a largo plazo para acompañar a jóvenes en situación de vulnerabilidad.

El padre Rosasco, responsable del Centro Barrial “Enrique Angelelli” de Ingeniero Juárez, brindó detalles sobre el trabajo cotidiano que se lleva adelante con jóvenes en situación de vulnerabilidad, destacando la importancia de generar espacios de contención, formación y acompañamiento sostenido.

En el centro barrial, explicó, se ofrece mucho más que asistencia básica: “Ahí los jóvenes pueden ir a pasar el día, tienen un espacio para estar, para jugar, hay televisión, hay metegol, hay desayuno, hay almuerzo, hay merienda, pero también tienen los talleres”.

En ese sentido, mencionó la incorporación de propuestas con orientación laboral, como un taller de sublimado: “No pensamos que ellos van a salir sublimadores, pero que la sublimación sea como una cosa que les ayude a tomar hábitos de responsabilidad, de trabajo”.

Además, funcionan emprendimientos productivos como panadería, donde elaboran “masitas dulces, alfajorcitos de maicena, pastafrola, facturas, panes con sabores”, cuya venta permite sostener parcialmente las actividades. “Con eso se va financiando los talleres, tampoco con eso generamos ninguna ganancia”, aclaró.

Indicó que actualmente, el espacio cuenta con unos 120 jóvenes registrados, con una asistencia diaria que ronda los 50. Sobre los procesos de recuperación,

Rosasco fue claro: “Es un proceso lento, muy lento. Si vos pensás que en un año vas a recuperar a alguien, es imposible. Son procesos largos, con idas y venidas. Pueden salir y volver a caer, pero generalmente, cuando se va trabajando, las recaídas son más breves, menos profundas”.

Por otra parte, el sacerdote destacó el trabajo que se realiza en la ciudad de Formosa con la fundación Manos de Hermanos, un proyecto iniciado por el recordado padre Francisco Nazar hace más de 17 años, orientado a acompañar a jóvenes del pueblo wichí que desean continuar sus estudios universitarios o terciarios en la ciudad de Formosa.

“Allí no es sólo una beca económica, es una casa donde pueden ir a estudiar, con tutores, profesores, desayuno, almuerzo, merienda, computadoras, aire acondicionado”, detalló. Actualmente, el programa alberga a unos 50 jóvenes, su capacidad máxima, y ya cuenta con más de 40 egresados de carreras terciarias y universitarias.

En paralelo, se comenzó a fortalecer la formación en oficios y a ampliar el alcance hacia otras comunidades originarias. “Con el tiempo esperamos poder incluir al pueblo nivaclé”, indicó Rosasco.

En esa línea, también se implementan aulas digitales en comunidades del interior profundo, como Guadalcázar, Lamadrid, Río Muerto y Algarrobal. “Instalamos antenas de Starlink, computadoras, y los chicos que van al secundario tienen aulas virtuales para el apoyo”, explicó.

El sacerdote remarcó las dificultades de acceso a la educación en zonas alejadas: “Hay lugares donde es muy difícil que accedan al secundario, porque tienen que recorrer largas distancias, incluso cruzar el río”.

Con una mirada integral, Rosasco subrayó que el objetivo principal es generar oportunidades reales: acompañar, contener y ayudar a que los jóvenes aborígenes puedan proyectar un futuro distinto, aún en contextos complejos.