Perú define su futuro en un balotaje polarizado entre Keiko Fujimori y Roberto Sánchez
Más de 27 millones de ciudadanos están convocados este domingo a las urnas para elegir al próximo presidente de Perú. La derechista Keiko Fujimori y el izquierdista Roberto Sánchez llegan al balotaje con propuestas opuestas.

Fuente: https://www.diariopopular.com.ar/
Perú celebrará este domingo una de las elecciones más trascendentes de los últimos años. Más de 27 millones de ciudadanos están habilitados para votar en el balotaje que definirá al próximo presidente para el período 2026-2031, una disputa que enfrenta a la candidata de derecha Keiko Fujimori y al dirigente de izquierda Roberto Sánchez.
La segunda vuelta encuentra al país dividido entre dos proyectos políticos antagónicos y atravesado por una profunda crisis institucional. La inseguridad, el deterioro económico, los escándalos de corrupción y la inestabilidad política marcaron los últimos años de la vida peruana y aparecen como los principales desafíos para quien resulte ganador.
Las encuestas previas muestran una competencia ajustada, con una leve ventaja para Fujimori, aunque dentro del margen de error. La líder de Fuerza Popular concentra una parte importante de su respaldo en Lima y en las grandes ciudades, mientras que Sánchez encuentra mayor adhesión en las regiones del interior y entre los sectores populares.
Polarización en Perú
La campaña dejó en evidencia la polarización que domina el escenario político peruano. Para muchos electores, la elección no se presenta como una adhesión entusiasta a un candidato sino como una decisión orientada a evitar el triunfo del adversario.
Keiko Fujimori cerró su campaña en Lima reivindicando la figura de su padre, el expresidente Alberto Fujimori, fallecido el año pasado y recordado por una gestión que combinó crecimiento económico con graves denuncias por corrupción y violaciones a los derechos humanos.
La candidata prometió aplicar una política de mano dura contra la delincuencia y recuperar el orden institucional. Según sostiene, Perú necesita estabilidad para volver a crecer y superar la crisis que atraviesa desde hace años.
Del otro lado, Roberto Sánchez apeló a un discurso centrado en la justicia social, la lucha contra la corrupción y la recuperación de la confianza en las instituciones. Durante el cierre de campaña recordó al expresidente Pedro Castillo, destituido y encarcelado tras intentar disolver el Congreso en 2022, y anunció que lo indultará si llega al poder.
El dirigente de Juntos por el Perú se presentó como representante de los sectores históricamente relegados y acusó al fujimorismo de encarnar prácticas autoritarias que, a su juicio, contribuyeron a la crisis de legitimidad que atraviesa el sistema político.
Inestabilidad política
La elección se desarrolla además bajo la sombra de una inestabilidad persistente. En los últimos diez años, Perú tuvo ocho presidentes, entre renuncias, destituciones, procesos judiciales y crisis institucionales que profundizaron la desconfianza ciudadana.
Consciente de ese contexto, Sánchez advirtió que si un eventual gobierno suyo fuera bloqueado por el Congreso impulsaría la convocatoria a nuevas elecciones. También reclamó que todos los sectores respeten el resultado de las urnas.
La candidata derechista respondió que acatará la voluntad popular, aunque remarcó que su fuerza política desplegará representantes en todo el país para fiscalizar el proceso electoral.
Ante la tensión política acumulada durante la campaña, el Gobierno de transición encabezado por el presidente interino José María Balcazar realizó un llamado público a respetar los resultados y actuar con responsabilidad democrática.
El primer ministro, Luis Arroyo, aseguró que las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional fueron desplegadas en todo el territorio para garantizar la seguridad de los centros de votación y el normal desarrollo de la jornada electoral. También destacó que se destinaron los recursos necesarios para asegurar la transparencia del proceso.
La elección será observada con atención tanto dentro como fuera de Perú. No sólo está en juego la Presidencia, sino también la posibilidad de iniciar una etapa de mayor estabilidad en un país que lleva años atrapado en una sucesión de crisis políticas.
Con dos modelos de país enfrentados y una sociedad profundamente dividida, los peruanos acudirán a las urnas para decidir entre el regreso del fujimorismo al poder o una nueva experiencia de izquierda.








